La culpa es una emoción derivada de otras, es secundaria. Puedes sentirla por una acción concreta contra otra persona o contra ti misma. Sientes que has hecho algo que va contra tu ética o valores. Es más frecuente en estados de autoestima disminuida provocando dolor. Si el dolor va unido a la vergüenza es una situación psicológica más agresiva. Es un juicio en función de la moral ética aprendida, religión, cultura y de tus valores. La tendencia a la culpa puede venir de tu infancia. Hay situaciones que crean culpabilidad en tu infancia y que arrastras a tu trabajo o vida afectiva y social. Es una emoción reguladora de tu comportamiento.
Cuando eres excesivamente perfeccionista y tienes un listón elevado de comportamiento, puedes ser más proclive a sentir culpa. El juicio que haces de tus acciones pueden ser ideas y no realidades sucedidas. No te auto castigues. La depresión puede agravar tu sentimiento de culpa.
La culpa está relacionada con sentimientos de impotencia, frustración o remordimiento, entre otros. Es una emoción que, en si misma, no es buena ni mala. Al igual que las demás emociones tiene una función adaptativa negativa que te permite el ajuste a tu entorno de tu propio yo interno. Las emociones pierden su finalidad cuando las sientes con demasiada frecuencia, con exceso de intensidad y alteran tu bienestar.
Han acabado las fiestas, empieza la rutina. Has vivido comidas familiares y de empresa plenas de excesos. Has usado la tarjeta de crédito por encima de tus posibilidades. Ahora te toca afrontar la situación, sientes culpabilidad por esos kilos de más, ese gasto extraordinario que afrontar o algo ocurrido y amparado por la euforia de las fechas.
Para solucionar un proceso de culpa es importante que la identifiques. Acepta que no eres perfecta y que los errores forman parte de tu aprendizaje. Solicita perdón, sobre todo a ti misma, por el daño producido. Repara, en lo posible, los efectos de tu acto. La mejor actitud ante la culpa es la responsabilidad. Responsabilízate de tu forma de actuar, pero reconoce la imposibilidad de ser responsable por la actuación de los otros. No culpabilices a los demás, es un trabajo de ellos mismos.
Si sientes angustia, porque te sientes responsable y culpable de algo, no dudes en pedir ayuda. La terapia holística y las flores de Bach pueden ser la clave para salir de esa situación.
Se feliz.


